José Martí en New York:

Más Vigente que Nunca

Monumento de José Martí en el Central Park de NY

Comentario sobre el escrito de la historiadora Ximena Hidalgo Ayala

Gracias en nombre del honor, de la justicia, del decoro. Pero, sobre todo por la exacta definición de nuestro APÓSTOL, en mayúscula. Definición mutilada y ocultada por los despreciables comunistas cubanos, digo despreciables porque cuando quienes tratan de minimizar la estatura política del pensamiento humano, y tergiversar el mismo, para usar su gloria y prestigio en una enajenante e envilecedora doctrina; lo menos que merecen es decirles: Despreciables, Viles, Cobardes.

Es cierto que José Julián Martí Pérez es, entre otras grandes cosas, nuestro Héroe Nacional. Pero, esta representación mutila de Martí no sólo su pensamiento, sino lo que ese pensamiento representa para la democracia, el amor fraternal, la justicia social, y sobre todo: su enseñanza en cuanto al viril ejercicio de nuestros derechos y cumplimiento de nuestros deberes políticos y sociales; diametralmente opuestos a la doctrina de sumisión, doble moral, depauperación de valores cívicos y morales; exaltación de execrables actitudes cuyo único ruin propósito es satisfacer sus sentimientos morbosos de poder, y opulencia obtenida de la usurpación del erario público; sin que les importe las denigrantes consecuencias que han sufrido y aún sufren generaciones enteras, de unos de los pueblos más nobles y fraternales del mundo.

Como colofón del escarnio al pueblo y al propio Martí; en una mal llamada constitución comunista, de hecho ya una aberración del derecho constitucional, convertida en el  año 2019 en una constitución corporativa (fascista); creada con el fin de lavar todas las riquezas del pueblo robadas impunemente; usan el nombre de nuestro Apóstol, enemigo del totalitarismo, para incluirlo entre enemigos de la libertad como son Fidel, Engels, Lenin, Marx refrendando dicha infame mal llamada constitución.

No siempre Fidel a dicho mentira. Una vez dijo verdad cuando usó el decoro de la “Juventud del Centenario”, para justificar  su siniestro propósito de lesa humanidad, mancillando con ello el nombre de una de las generaciones más pura de la historia de Cuba. La juventud que cumpliendo con un deber sagrado con la patria, con las enseñanzas del APÓSTOL, y cumpliendo un deber con ellos mismos, no aceptó la violación de una constitución democrática.

Reivindiquemos la memoria de nuestro APÓSTOL  y la de la generación fiel seguidora de su ideario. Ahora con más razón, ya no se trata de la violación a una constitución democrática; ahora se trata de la eliminación de un documento ilegítimo que pretende darle un viso legal a un sistema totalitario.

¡Viva eternamente Nuestro APÓSTOL José Julián Martí Pérez!

Mario Fernández Mora  :.
Fundador del MiD

(a continuación el escrito de la historiadora Xiomara Hidalgo Ayala)

Jose Marti en Nueva York: Más Vigente Que Nunca
Por Ximena Hidalgo Ayala Historiadora

Monumento de José Martí en el Central Park de NY

José Martí no es únicamente héroe nacional cubano y figura prominente de la literatura hispanoamericana, es ante todo símbolo de los ideales más sublimes de amor a la libertad, la democracia, la lealtad, la amistad y la unión de las naciones. En su corta pero fecunda vida de 42 años, fue poeta, ensayista, periodista, filósofo, revolucionario, traductor, profesor, editor y  teórico de la política. Y como la mayoría de los líderes independentistas también fue parte de la masonería. A través de sus escritos y la actividad política, se convirtió en símbolo de la lucha cubana por la independencia de España en el siglo XIX y se le conoce como el «Apóstol de la Independencia de Cuba”.

José Martí es considerado uno de los grandes escritores de la Literatura Castellana. Sin embargo para los estadounidenses su importancia se deriva de la universalidad de su pensamiento.

Dedicó su vida a la liberación de Cuba de dominación colonial y a la prevención de la isla de caer bajo el control de cualquier país con ideologías políticas contrarias a los principios de libertad, independencia y autonomía. Con esos objetivos y la convicción de que la libertad del Caribe era crucial para la seguridad de América Latina y el equilibrio de poder en el mundo, dedicó su talento a delinear la estructura de una nación. El alcance de su obra trascendió las fronteras de la gran Isla para proyectarse a nivel internacional. Fue un revolucionario, un guía y lo más importante, un mentor.

José Martí.

TRAYECTORIA INTERNACIONAL

José Martí nació en La Habana (1853) donde estudió pintura, escultura y dibujo. A los quince años inició su campaña por la liberación de Cuba del Imperio español, por lo que fue encarcelado y a  los diecisiete años fue desterrado a España. Desde el exilio continuó abogando por la libertad de la isla y expuso los horrores de la prisión política en Cuba, que él mismo había padecido. Después de graduarse en Leyes y Literatura en la Universidad de Zaragoza, se estableció en México, donde comenzó su carrera literaria. En la capital mexicana vivió en la calle Moneda, cerca del Zócalo y fue vecino de Manuel Antonio Mercado, Secretario del Distrito Federal, quien se convirtió en uno de sus mejores amigos.

Su oposición a un régimen instalado por un golpe militar lo llevó a salir a Guatemala en donde residió al sur en Ciudad Vieja, hogar de artistas e intelectuales de la época, en la Cuarta Avenida. Conoció al presidente Justo Rufino Barrios y fue nombrado jefe del Departamento de Literatura, Historia Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, cargo al cual renunció por solidaridad con un profesor que fue injustamente despedido.

JOSE MARTI EN NUEVA YORK

En 1878 regresó a Cuba en virtud de una amnistía general, pero volvió a conspirar contra los españoles y nuevamente fue desterrado. Fue a Europa y luego a Estados Unidos. El contacto con “la Capital del Mundo” inició cuando José Martí envió su trabajo a Néstor Ponce de León, miembro de la Junta Central Revolucionaria de Nueva York, expresándo su deseo de colaborar en la lucha por la independencia de Cuba. Vivió un año en la metrópoli y se fue a Venezuela, en donde fundó la Revista Venezolana (1881), que provocó la ira del dictador Antonio Guzmán Blanco y se vio obligado a regresar a Nueva York en donde vivió desde 1881 a 1895.

Los años de José Martí en Nueva York fueron muy importantes. Se mantuvo muy activo, sirviendo como cónsul de Uruguay, Paraguay y Argentina y participó activamente en innumerables actividades, entre ellas la Conferencia Internacional Monetaria.

Fue durante este tiempo que produjo su poesía, considerada por los expertos como la mejor de su carrera. Nunca renunció a su sueño de una Cuba libre y dedicó mucho tiempo tratando de aumentar el apoyo al movimiento de independencia entre los exiliados cubanos.

En Nueva York desarrolló un trabajo periodístico importante, que sirve de inspiración y ejemplo a los escritores, pero también fue en Nueva York donde se pulió su ideología política y con ella la de su patria.

Desde la metrópoli escribió para varios periódicos, publicando tanto en Nueva York y en varios países latinoamericanos de los cuales fue corresponsal y editorialista, entre ellos La Nación de Buenos Aires así como para diferentes revistas de Latinoamérica y México. Fundó, financió y publicó el periódico, Patria, que se convirtió en el órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano al cual organizó en 1892. Fue Martí fue quien inició la unificación de la emigración cubana en Florida, crucial para el éxito de la Independencia de España.

LEGADO MARTIANO

En legado documental está conformado por artículos, ensayos, poemas, epistolarios, conferencias, una novela e incluso una revista para niños. En sus obras se aprecia la admiración por Estados Unidos y también sus insatisfacciones. Mirando hacia atrás en su cobertura de esta nación en los años 1880-1895, Martí dijo que «con el fin de conocer un país, hay que estudiar todos sus aspectos y expresiones, sus elementos, sus tendencias, sus apóstoles, sus poetas y sus bandidos». Desde joven estuvo atento a los acontecimientos de este país y junto a un grupo de estudiantes expresó su pesar por el asesinato de Abraham Lincoln, quien decretó la abolición de la esclavitud, aún vigente en la Cuba de su época.

Martí creía firmemente que la libertad y la justicia debían ser las piedras angulares de cualquier gobierno, no hay más que leer su obra. Nunca aceptó la limitación a la expansión natural del espíritu humano, porque en verdad creía que la redención del hombre vendría a través del amor y la razón. Sus escritos condenan todos los regímenes despóticos y las violaciones a los derechos humanos. Por esta razón el pensamiento de Martí, en toda su fuerza, es de la mayor importancia para la comunidad hispano-hablante en la actualidad.

Este preclaro mestizo-americano es uno de los grandes intelectuales de la historia. Los conceptos de libertad y democracia son temas prominentes en todas sus obras, e influyeron en poetas como el nicaragüense Rubén Darío y la chilena Gabriela Mistral, entre otros.

En París conoció al poeta francés Auguste Vacquerie y a su cuñado Víctor Hugo, dramaturgo, novelista, ensayista, artista visual, estadista y activista de derechos humanos, máximo exponente del movimiento romántico en Francia, de quien en 1874 tradujo sus obras al castellano. Además del inglés, Martí hablaba francés, italiano, latín y griego clásico con fluidez, este último aprendió para poder leer las obras griegas clásicas en el original.

ACTIVISTA SIN FRONTERAS

En 1893, Martí viajó a través de los Estados Unidos, América Central y las Antillas, visitando los clubes cubanos. Se reunió con Rubén Darío, el poeta nicaragüense en Nuevo México. Se entrevistó con Máximo Gómez en Montecristi, República Dominicana, donde planearon el levantamiento. En julio se entrevistó con el Gral. Antonio Maceo Grajales, en San José, Costa Rica. En 1894 continuó viajando para promover y organizar el movimiento revolucionario y visitó el presidente de la República Mexicana, Porfirio Díaz y viajó a Veracruz. Luego preparó y organizó la expedición armada que se iniciaría la revolución cubana.

Finalmente regresó a Cuba en 1895, al comienzo de la lucha cubana por la independencia, en donde se inmortalizó entregando su vida en el combate por la libertad contra las tropas españolas el 19 de mayo.


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